Seamos pobres, clase media ó ricos, siempre hay cosas que van a poder comprarse por tener un valor económico, puede que con sacrificio ó ahorros, de contado, pagado en cuotas, ó en credit card, pero que de alguna manera u otra son cosas adquiribles pagando su precio establecido.
Pero definitivamente, hay cosas que no hay diamante, moneda, oro y joyas que puedan comprar y/o pagar, y estoy segura que todos están de acuerdo conmigo.
Por ejemplo, para mi es invaluable una sonrisa :) mostrada en mi monitor, y que sé está reflejada en la misma forma en el rostro de la persona con la que estoy hablando (ó que me ha escrito), aunque estemos separados por la geografía pero unidos por una red electrónica. Son pocas las personas con las que podemos sostener este tipo de conversaciones y ser completamente uno mismo, yo me puedo considerar millonaria porque hay unas cuantas que me hacen sentir así, abierta, sincera, divertida y "en confianza".
Y no solamente esa sonrisa, sino largas y agradables conversaciones que pueden variar de temas tan variados como los ojos de Jared Leto, un libro, el clima, la familia, política y ¿por qué no? hasta un chiste colorado, que tal vez por cuestiones de trabajo duren solamente minutos y jamás lleguen a una hora de duración, o puede que ni pasen de un "hola", un "adios", "te quiero mucho" y "cuidate", pero en la que cada sílaba está dicha con verdadero sentimiento de amistad y cariño.
Otro tesoro invaluable, más valioso que cualquiera que hayan descubierto barba negra, barba roja y todos los piratas juntos, es abrir un paquete en una envoltura de regalo, una postal, en un sobre ó caja, con carta ó sin ella, pero que trae un mensaje de cariño de una persona que está en otro continente, al sur ó más al norte, y saber que lo está enviado con tanto amor y respeto, imaginando la sonrisa que tendrá tu rostro cuando lo abras, y la manera como gritaras y bailaras de felicidad.
Algo así jamás podrá tener un valor monetario, solamente las sonrisas, las lágrimas, la felicidad que generan, abrazar ese regalo como si fuera la persona misma, valen más para mí que todos los yacimientos de petróleo juntos.
Y todo esto, gracias a dos vaqueros que se conocieron por allá en el 1962 y viajaron juntos a una montaña, y nos contagiaron con su amor.
No hay palabras que puedan expresar este amor y estas cosas invaluables, así que me conformo con decirles "GRACIAS DESDE EL FONDO DE MI CORAZÓN"